domingo, 9 de octubre de 2016

El PODER TIENE LA RAZÓN.



El PODER TIENE LA RAZÓN.

Si me engañas una vez, vergüenza para ti, si me engañas dos veces vergüenza para mi...”
                                                           proverbio oriental


Estos días abordábamos la lectura de un incendiario texto, el libro “Might is right”, recientemente traducido al español bajo el título de “El poder tiene la razón”, libro este, que es desconocido para muchos fuera de ciertos círculos.

Dicho manuscrito, está plagado de racismo y misoginia, dos cosas que condenamos por su evidente falsedad, ya que los postulados que las defienden, carecen de evidencias que los sustenten, en grado tal, que nos permitan dar por veraces sus alusiones a la pretendida inferioridad de nadie, ya sea por su raza o género. Ahora bien, en lo relativo a ciertos usos y actitudes vitales, el libro no puede ser más acertado.

Vivimos tiempos de democracia, estados de derecho, de lo políticamente correcto, de progreso, de avances científicos, organismos de paz internacionales, y un larga lista de conocidas promesas, que prometen hacer de este siglo algo “mejor para la humanidad”.

Como de costumbre casi todas ellas son falsas, y enmascaran una realidad que muchos prefieren no ver, bien porque les incomoda o porque su necedad les impide darse cuenta. Podemos fantasear infinitamente sobre los avances de eso que llamamos “civilización”, podemos esgrimir, a modo de ralos y raquíticos argumentos, los avances sociales que nos diferencian de nuestros antepasados, en el fondo, todo ellos solo son un grano de arena en el desierto.

Podéis debatir, de manera interminable en las redes sociales sobre cuanto tema sea de vuestro gusto, podéis denunciar, acusar, recoger firmas en contra de las injusticias, sentiros ofendidos como cualquier otro colectivo por el uso del lenguaje “discriminatorio”, despotricar contra la caza, los toros, la políticas del gobierno, el cambio climático, la inseguridad ciudadana, la corrupción y así continuar “ad infinitum”...

Lo cierto es que esos miles de años de pretendida “civilización”, son una gota de agua en el océano de la historia humana, la cual sea dicho de paso, ha demostrado ser un sucesión ininterrumpida de masacres, matanzas, genocidios, y caníbales competiciones para devorar al otro.

El dragón, la bestia implacable que gobierna el cerebro reptil del hombre, jamás ha estado dormida, como decía Philip K. Dick “ el imperio nunca tendrá fin....”

Mal que les pese a muchos, en nuestra naturaleza, y por extensión en la propia naturaleza misma, pues a ella pertenece el hombre, las cosas funcionan así. Solos los más fuertes sobreviven, los más aptos, los más adaptables. Y de entre todos ellos, los más capaces son quienes ostentan el poder. El poder de reinar, dirigir, gobernar, hacer y deshacer, nada es más dúctil que el poder.

En el fondo todas las relaciones humanas son fruto de una pugna por el poder, el lograr superar al otro. La dimensión de esto, su infinita e indiscutible magnitud, alcanza proporciones universales.

Desde el imponerse a otro en una discusión, a fagocitar naciones enteras militar y culturalmente. Desde el sexo, al trabajo diario, está en el regazo del sacerdote y en el patio del colegio, en la economía y en el fútbol, en las discusiones de tráfico y las barras de los bares, en política internacional y la convivencia con tu vecino, en el cuerpo que exhibes o el cabello que te cubres, está en todo, lo impregna todo...

Puede argumentarse que nuestro mundo es complicado y grande, como para simplificarse de semejante manera , no es cierto, simplemente nuestro ecosistema es rico en especies diversas de cada uno de los dos grandes grupos, predadores y presas. Lo que puede ser complicado, es identificar las múltiples maneras en que nuestras prácticas predadoras se manifiestan en nuestra vida diaria.

Podrá decirse que muchos humanos no son así, y trabajan para que cambien las cosas, esos son las ovejas, a las cuales nunca consultan los lobos. Su opinión no es relevante ni se solicita, son presas. El resto, esa manada en minoría que decide sobre el “rebaño”, son lobos.


Si piensas que nuestra capacidad de razonar y la conciencia de nosotros mismos, marca la diferencia con el reino animal, úsala para entender que solo es otra herramienta más. El tigre tiene sus garras, nosotros inteligencia y un pulgar oponible.


Hay tigres, serpientes, y arañas, al igual que hay bueyes, ratones, y moscas...”
                                                      Maestra “Loca dos veces”